jueves, 4 de noviembre de 2010

mi presentación a la asignatura


A mí nunca me ha gustado el deporte y recuerdo las clases de educación física, a la que todos llamábamos gimnasia, como un castigo. Es curioso porque el primer recuerdo de clase de gimnasia lo tengo de 4º curso de primaria cuando cambié de colegio, seguramente en el colegio anterior  consistiría en salir al patio y punto.
Había que saltar  unos artefactos a los que llamaban “potro” y “plinton”, para mí que a los 8 años tenía aspecto físico de 6 , aquellos aparatos me parecían enormes y auténticos instrumentos de tortura. Hacíamos el pino, el puente, el tendido supino, tendido prono (lo más fácil), dábamos volteretas en la colchoneta… esas cosas. El profesor, que fue el mismo durante varios años, era militar por las mañanas y profesor de esgrima por las noches. Por las tardes nos soportaba a nosotros, y como buen militar, elogiaba a los buenos deportistas y ridiculizaba al resto. Yo le caía bien porque aunque era canijo, ganaba a casi todos haciendo pulsos, y con eso salvaba la evaluación final.
El paso a bachiller no fue mejor. El profesor era un técnico y evaluaba por méritos y no por actitud. El gimnasio seguía siendo una tortura, con esa edad además, se añadía el miedo a hacer el ridículo si te rajabas al saltar o peor aún, si te estampabas. Cuando salíamos al patio corríamos durante dos horas, el premio, se supone que era jugar al futbol, así que en mi caso, casi que prefería correr… la evaluación era por ejercicios ejecutados correctamente, el suspenso estaba asegurado. En septiembre te hacía dar unas vueltas al patio, unas flexiones y te hacía sentir que te regalaba el aprobado.
Hasta llegar a la universidad, no tuve ningún profesor de educación física que fuese justo esto, educador de ejercicio físico, que me enseñase el respeto por mi cuerpo, la importancia de cuidarlo mediante la alimentación y el ejercicio físico.
Mi actitud ante el deporte hubiese sido otra si alguien se hubiese molestado en presentármelo   como algo beneficioso y no como un fastidio, si algún profesor  me hubiese hecho sentir parte integrante de la actividad, y no sentirla como algo ajeno, hecho para los demás.
Hoy de adulto, conozco los beneficios del ejercicio físico a cualquier edad, también sé que hay muchas maneras de practicarlo, y que algunas de ellas son placenteras, incluso divertidas.
Afronto la asignatura educación física para maestros con esta actitud, que es la que me gustaría transmitir a mis futuros alumnos.

3 comentarios:

  1. Això de que els professors ridiculitzaren als alumnes que no eren eficients a la pràctica d´educació física em pareix tercermundista.¿¿Quina classe de professionals hi son ells ,que en lloc de ensenyar-los a fer l´activitat es burlen dels alumnes??Si el alumne ja sapiera fer-ho tot correctament..quin paper jugaria el professor??la veritat és que hi han coses que em costen d´entendre..D´aquesta manera l´únic que es fa és que l´alumne agarre despreci i por a l´assignatura i que s´avergonyisca de sí mateix,baixe la seua autoestima i es produisca un despreci cap a l´assignatura.És açò el que el professor vol aconseguir?? D´eixa manera els alumnes mai sobrirán a coneixer els continguts de l´assignatura ni vorán tampoc que és beneficiosa i placentera. El que es podria fer per exemple,si hi han alumnes que no saben fer la voltereta i es costa,,que el professor diga als alumnes que la saben fer que l´objectiu de la classe eixe dia será ensenyar les técniques als alumnes que no saben fer-la i ajudar-los.D´eixa manera,els alumnes que no la saben fer es senten recolzats per altres companys i aquells que la saben fer es sentirán orgullosos de poder transmetre el seu coneiximent als altres.

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  2. totalmente de acuerdo contigo Irene, un maestro está para enseñar a todos y especialmente al que sabe menos, debe también animar, reconfortar y sobre todo transmitir interés por aprender. Producir el efecto contrario tiene estas consecuencias, que alguien por ejemplo, se pierda por mucho tiempo, el placer de practicar un deporte.

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  3. Estic completament d'acord amb vosaltres. Per fortuna, jo no he viscut una experiència similar, sino tot el contrari. He tingut professors prou més comprensius, que feien el possible per motivar els alumnes amb majors dificultats, per tal de que no suposarà un suplici per a ells acudir a aquesta classe. Crec que es així com es deuria actuar, intentat destacar els aspectes més positius d’aquells alumnes que tenen majors dificultats.

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